De Santiago al Congreso: Espaillat no cede su trinchera

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En las urnas del Distrito 13 se juega algo más que una elección. Se decide si la primera generación dominicana que conquistó el Congreso americano tiene todavía algo que decirle a su pueblo.

NUEVA YORK, NY._ Hay momentos en la vida política de un hombre en que los números mienten y la historia dice la verdad. Adriano Espaillat está viviendo uno de esos momentos.

La votación anticipada para las primarias demócratas del Distrito 13 de Nueva York arrancó este fin de semana y, pese a una encuesta reciente que lo sitúa en segundo lugar, las perspectivas continúan siendo favorables para el legislador dominicano: la fortaleza de su estructura política, su nivel de reconocimiento entre los electores y la naturaleza misma de estos procesos lo colocan en una posición que los sondeos difícilmente capturan.

El sondeo que no cuenta todo

El sondeo de Data for Progress, realizado entre el 3 y el 9 de junio, otorgó a Darializa Ávila Chevalier un 39% de respaldo frente al 35% de Espaillat. Pero el dato más relevante lo tiene un tercer número: un significativo 22% de los votantes permanece indeciso.

Ese 22% es la clave que nadie ha terminado de leer. No son votantes perdidos. Son votantes que esperan una razón para moverse. Y en el Distrito 13 de Nueva York, esa razón suele llamarse comunidad, memoria y raíces.

En Nueva York las primarias rara vez se deciden exclusivamente por las encuestas. La participación suele ser reducida y el resultado depende en gran medida de la capacidad de cada campaña para movilizar a sus simpatizantes. Y en ese tablero, Espaillat no tiene rival.

La maquinaria que nadie improvisa en semanas

Décadas no se compran en una campaña. Se construyen esquina a esquina, barrio a barrio, familia a familia. Espaillat conserva ventajas que ninguna encuesta refleja del todo: décadas de organización comunitaria, respaldo sindical, apoyo de dirigentes locales y nacionales, y una maquinaria electoral que ha demostrado su eficacia en procesos anteriores.

Esa arquitectura política es invisible en los sondeos, pero se materializa el día de la votación. Es la señora que lleva a sus tres hijas a votar porque Adriano la ayudó cuando llegó sin inglés y sin documentos. Es el dirigente comunitario que recuerda cuándo el congresista apareció en su iglesia en un momento difícil. Es, en definitiva, la diferencia entre los que tienen seguidores y los que tienen pueblo.

La candidata y la sombra de Haití

Pero si hay un factor que puede terminar de inclinar la balanza a favor de Espaillat, ese tiene nombre y apellido geopolítico: Haití.

Diversas publicaciones y declaraciones atribuidas a Darializa Ávila Chevalier han sido interpretadas por críticos y organizaciones comunitarias como favorables a una fusión de Haití y República Dominicana, y a políticas de cooperación que, según sus detractores, diluyen la diferenciación política e histórica entre ambos Estados.
Para entender el impacto de eso en el electorado dominicano del Distrito 13, hay que entender algo fundamental: los dominicanos de Nueva York no dejaron de ser dominicanos cuando cruzaron el Atlántico. Llevan consigo la memoria de la frontera, la conciencia de la soberanía y la convicción profunda de que la República Dominicana es una nación distinta, con historia propia y derecho a defenderse.

Ese tema ha sido capitalizado por sectores de la diáspora para cuestionar la comprensión de Ávila Chevalier sobre la soberanía, la migración y la crisis haitiana. En una contienda donde la identidad y la conexión con la República Dominicana han adquirido un peso inusual, el debate se convierte en un factor movilizador para quienes consideran la defensa del territorio como un asunto central de la agenda dominicana. Tocar esa fibra en plena campaña no es un error político menor. Es rozar algo sagrado.

El primer dominicano del Congreso: más que un cargo, un símbolo

Espaillat no es simplemente un congresista de origen dominicano. Es el primer legislador nacido en la República Dominicana que alcanzó un escaño en el Congreso de los Estados Unidos.

Nacido en Santiago de los Caballeros y emigrado posteriormente a Nueva York, su carrera ha estado estrechamente vinculada a la experiencia de la diáspora dominicana y a los asuntos que conectan a ambos países.

Eso no es un dato biográfico. Es un contrato moral con su comunidad. Cada vez que Espaillat habló en el Congreso sobre inmigración, sobre crisis en el Caribe, sobre los derechos de los indocumentados, lo hizo con la autoridad de quien conoce el camino desde adentro, no desde un libro de políticas públicas.

Durante años ha sido una de las voces más visibles dentro del Congreso estadounidense al abordar la situación de Haití y sus repercusiones regionales.

Su conocimiento de la realidad de la isla y de las implicaciones que el colapso haitiano tiene para la República Dominicana le ha otorgado una autoridad singular dentro de Washington que no se transfiere. Se gana. Y Espaillat la ganó a lo largo de décadas que ninguna candidatura emergente puede comprar en meses.

Dos generaciones frente a frente

El diario The Wall Street Journal considera esta contienda una prueba del poder político acumulado por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y por el ala socialista del Partido Demócrata. La candidatura de Ávila Chevalier ha recibido el respaldo de Mamdani, convirtiendo la elección en un nuevo escenario de confrontación entre el establishment demócrata y la izquierda emergente del partido.

Ahí radica la tensión real. No es solo Espaillat contra Ávila Chevalier. Es la experiencia migratoria vivida en carne propia contra la agenda progresista construida desde las universidades de Nueva York. Es el dominicano que llegó con una maleta y un sueño, contra la generación que heredó ese sueño pero no siempre cargó su peso.

La trayectoria política de Ávila Chevalier se ha desarrollado fundamentalmente en Nueva York y está más vinculada a las agendas progresistas urbanas que a la experiencia migratoria directa que encarna Espaillat. Su candidatura representa un cambio generacional real. Pero en este Distrito, cambio generacional y legitimidad comunitaria no son lo mismo.

La memoria que vota

El desafío principal del congresista no está en persuadir nuevos votantes, sino en movilizar a los dominicanos que comparten con él una memoria común de inmigración y una relación directa con la República Dominicana. Son esos electores quienes pueden inclinar la balanza en una primaria donde cada voto adquiere un valor extraordinario.

Y esa memoria, cuando despierta, vota unida. Vota con el orgullo de quien sabe lo que costó llegar hasta aquí. Vota con la convicción de que la primera bandera que pusieron en el Capitolio de Washington lleva los colores azul, rojo y blanco de una isla que no se rinde.

El 23 de junio, las urnas del Distrito 13 hablarán. Y lo más probable es que hablen en quisqueyano.

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