Marea parda: el sargazo le declara guerra silenciosa al turismo dominicano

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Con cerca de 800,000 toneladas registradas en 2025 y una temporada 2026 que se perfila como una de las más intensas, el alga que invade las costas del país pone en jaque al sector que sostiene el 19% del PIB nacional, mientras científicos dominicanos corren contra el tiempo para convertir la crisis en oportunidad.

PUNTA CANA, República Dominicana. — Una alfombra parda y maloliente avanza cada verano sobre las playas más codiciadas del país, y en 2026 amenaza con ser más espesa que nunca. El sargazo, el alga marina que en menos de una década pasó de ser una curiosidad oceánica a una crisis nacional, dejó en 2025 un saldo de casi 800,000 toneladas sobre el litoral dominicano, según estimaciones del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y las proyecciones para este año no ofrecen tregua.

El fenómeno ya no respeta calendario ni geografía. Lo que antes se concentraba en la temporada de verano y en las costas del Este hoy se extiende también hacia el Norte y el Nordeste del país, con arribos reportados en Bávaro, Punta Cana, Boca Chica, Guayacanes, Samaná, Cabrera, Río San Juan y Playa Diamante. En municipios como Boca Chica y Guayacanes, los comerciantes que dependen del flujo turístico —vendedores de alimentos, alquiladores de equipos de playa, prestadores de servicios— reportan una caída directa en sus ingresos cada vez que el alga toma la orilla.

“El sargazo ha dejado de ser una anomalía para convertirse en una crisis con consecuencias económicas, ambientales y sociales”, advierten autoridades ambientales del Caribe.

El dato que más preocupa a las autoridades económicas es el peso del sector amenazado: el turismo representa cerca del 19% del Producto Interno Bruto dominicano, la principal fuente de divisas del país. A esa cifra se suma el daño a los ecosistemas marinos —arrecifes de coral, zonas de desove de tortugas y bancos de peces— y el golpe a la pesca artesanal, cuyos ingresos dependen directamente de la salud de las costas. La descomposición del alga en la orilla libera además sulfuro de hidrógeno, un gas de olor penetrante que puede provocar irritación respiratoria, especialmente en personas asmáticas, niños y adultos mayores.

El origen de esta marea recurrente se remonta a un fenómeno oceánico bautizado por la ciencia como el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico: una franja continua de biomasa de más de 8,800 kilómetros que conecta África Occidental con el Golfo de México y que en mayo de 2025 alcanzó cerca de 37.5 millones de toneladas, según mediciones satelitales. Investigadores como Brian Lapointe, de la Florida Atlantic University, atribuyen su crecimiento explosivo a un aumento del 111% en la concentración de nitrógeno y fósforo en el Atlántico tropical, alimentado por las descargas del río Amazonas, el polvo del Sahara y el calentamiento de la superficie marina.

Ante la magnitud del problema, el Ministerio de Medio Ambiente activó un operativo nacional amparado en la Resolución núm. 0046-2025, que ordena brigadas técnicas, permisos ambientales temporales para hoteles y la instalación de barreras de contención costera. En marzo de 2026, el Consejo de Ministros, encabezado por el presidente Luis Abinader, aprobó además la elaboración de una norma especial para el manejo integral del alga, mientras el país gestiona cooperación internacional —incluida una donación de equipos por parte de Japón— para fortalecer la respuesta operativa.

Pero la historia del sargazo dominicano no se escribe solo en clave de pérdida. En los laboratorios del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), un equipo de investigadores trabaja desde hace varios años en convertir esta amenaza en una fuente de innovación. Junto a la Asociación de Agricultores de Banano Ecológico de la Línea Noroeste (BANELINO) y con apoyo de la FAO, desarrollaron un biofertilizante líquido a partir del alga que ya muestra resultados prometedores en cultivos de banano orgánico y tomate, sin generar acumulación preocupante de metales pesados en las plantas tratadas.

El propio Gobierno dominicano ha apostado por esa vía: en el marco de la Estrategia Global Gateway con la Unión Europea, se comprometió a recolectar y destinar a la investigación el 5% del volumen de sargazo proyectado para 2026 —unas 50,000 toneladas métricas— y el 10% en 2027, además de abrir convocatorias para que empresas privadas presenten propuestas de recolección, monitoreo y aprovechamiento del alga.

Mientras la ciencia avanza, el mar sigue su curso. Cada nueva oleada de sargazo que toca la arena dominicana es, al mismo tiempo, una advertencia y una oportunidad: la de un país que aprende, temporada tras temporada, a convivir con una marea que llegó para quedarse.

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