La evolución de la higiene en los hogares dominicanos ha pasado de soluciones improvisadas en el campo a modernos sistemas de lavado con agua que expertos consideran más higiénicos, prácticos y sostenibles.
Santo Domingo. La historia de la higiene íntima en la República Dominicana es también el retrato de la transformación de su sociedad. Mucho antes de que el papel higiénico ocupara un lugar indispensable en los baños dominicanos, en numerosas comunidades rurales la tusa del maíz, las hojas secas y el papel periódico eran recursos habituales para satisfacer una necesidad tan básica como cotidiana.
Con el avance de la urbanización, la mejora de las condiciones económicas y la expansión del comercio durante la segunda mitad del siglo XX, el papel higiénico se convirtió en un símbolo de modernidad y bienestar. Tener un rollo de papel en el baño pasó a representar comodidad, limpieza y una nueva forma de vivir.
Sin embargo, los hábitos vuelven a cambiar. Especialistas en salud e higiene sostienen que los sistemas de limpieza con agua, como los bidés, las duchas higiénicas y los inodoros inteligentes con funciones de lavado y secado, ofrecen una limpieza más profunda y eficiente, al tiempo que reducen la irritación de la piel y el impacto ambiental derivado del consumo masivo de papel.
Aunque en la República Dominicana el papel higiénico sigue siendo el método predominante, las nuevas modalidades de higiene comienzan a ganar espacio, especialmente en residencias modernas, hoteles y proyectos inmobiliarios que incorporan tecnologías orientadas al confort y la sostenibilidad.
La transición de la tusa del maíz al inodoro inteligente revela que incluso las costumbres más íntimas de los dominicanos evolucionan con los tiempos. Lo que alguna vez fue un lujo, luego una necesidad y hoy enfrenta nuevos competidores, demuestra que la historia de la higiene personal continúa escribiéndose, una generación tras otra.


