Danilo Medina atribuye parte de las muertes a fallas en los protocolos y el seguimiento después del parto, mientras el Gobierno reporta una reducción de 16 % en 2025.
SANTO DOMINGO, RD. — La mortalidad neonatal volvió al debate público después de que el expresidente Danilo Medina señalara las fallas en la aplicación de protocolos médicos y en el seguimiento de los recién nacidos como factores que estarían detrás de una parte importante de las muertes.
Medina afirmó que alrededor del 80 % de las defunciones neonatales son evitables, un señalamiento que coloca nuevamente bajo escrutinio la capacidad del sistema público para responder durante las primeras horas y días de vida de un niño.
La cifra debe ser manejada con cautela. Determinar si una muerte neonatal era evitable requiere revisar cada caso y establecer si existieron condiciones médicas que podían prevenirse o si hubo fallas en la atención. No todas las muertes tienen el mismo origen.
Una mejoría que todavía no resuelve el problema
El Servicio Nacional de Salud ha informado una reducción de 16 % en la mortalidad neonatal durante 2025, equivalente a 294 muertes menos que el año anterior.
Es un dato favorable, pero no significa que el problema haya desaparecido. La mortalidad neonatal continúa siendo uno de los principales indicadores utilizados para medir la calidad de la atención materno-infantil.
Prematuridad, bajo peso al nacer, malformaciones congénitas, infecciones y complicaciones durante el parto figuran entre las causas que requieren una respuesta hospitalaria rápida y especializada.
En estos casos, el margen de tiempo suele ser reducido. La disponibilidad de equipos y medicamentos es importante, pero también lo son la vigilancia permanente, la experiencia del personal y el cumplimiento de los protocolos establecidos.
Lo ocurrido en La Altagracia vuelve a poner el foco sobre los hospitales
El debate coincide con la situación registrada recientemente en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia.
Según los datos divulgados por el SNS, entre el 1 y el 24 de agosto se produjeron 17 muertes neonatales en ese centro. Tres estuvieron asociadas a microorganismos multirresistentes, mientras las restantes fueron relacionadas con prematuridad extrema y malformaciones congénitas graves.
Durante ese período también se reportaron 15 recién nacidos con hemocultivos positivos, incluidos casos de Klebsiella y Serratia.
Ante la situación, la Sociedad Dominicana de Neonatología solicitó una comisión técnica independiente que determine las causas clínicas y administrativas de los casos.
Ese pedido introduce un elemento fundamental en la discusión: no basta con conocer cuántos niños fallecieron. También es necesario establecer qué ocurrió antes de cada muerte, qué atención recibieron y si los procedimientos establecidos fueron aplicados correctamente.
El seguimiento después del parto también cuenta
La declaración de Medina pone atención en un punto que suele quedar fuera de las discusiones sobre mortalidad infantil: lo que sucede después del nacimiento.
Un niño prematuro o con alguna condición de riesgo necesita seguimiento continuo. Una infección, una dificultad respiratoria o una alteración que inicialmente parece controlada puede agravarse rápidamente.
Por eso, la atención neonatal depende de una cadena que comienza con el parto y continúa durante la hospitalización y, cuando corresponde, con el seguimiento posterior.
Una falla en cualquiera de esas etapas puede tener consecuencias graves.
El Gobierno tiene avances que mostrar y asuntos pendientes
Las autoridades sanitarias pueden exhibir una reducción de las muertes neonatales y programas dirigidos a mejorar la atención. Sin embargo, los episodios recientes y los señalamientos sobre posibles fallas mantienen abierta la evaluación del sistema.
La discusión tampoco puede limitarse a la actual administración. La mortalidad neonatal es un problema acumulado que ha atravesado diferentes gobiernos y que durante años ha sido señalado por organismos nacionales e internacionales.
Pero la responsabilidad de la gestión actual es concreta: garantizar que los protocolos existan, que se cumplan y que los hospitales tengan las condiciones necesarias para atender a los recién nacidos que llegan en estado crítico.
También corresponde determinar, mediante datos y auditorías clínicas, cuáles muertes fueron inevitables y cuáles pudieron prevenirse.
Ahí está una de las principales dificultades del debate actual. Las cifras nacionales pueden mostrar una reducción, pero no explican por sí solas qué ocurre dentro de cada hospital.
Mientras se habla de porcentajes, en las maternidades siguen ocurriendo muertes que deben ser investigadas caso por caso.
El reto para las autoridades no es solamente mantener la tendencia descendente del indicador. Es lograr que esa reducción sea sostenida, que las causas estén claramente identificadas y que las familias tengan la certeza de que cada muerte fue sometida a una investigación seria.
Porque en materia neonatal, una estadística puede mostrar una tendencia, pero una auditoría puede explicar por qué ocurrió una muerte.


