Con su plumaje gris pizarra y el característico parche rufo en las alas, esta especie de La Española cumple una función clave en los ecosistemas dominicanos y, a diferencia de su pariente la Cúa, no se encuentra actualmente bajo amenaza de extinción.
SANTO DOMINGO, RD. — Tiene un nombre que parece una burla, un vuelo corto y un comportamiento que durante generaciones alimentó la percepción de que se trata de un ave poco hábil. Sin embargo, detrás del nombre de pájaro Bobo existe una especie endémica de la isla La Española, el Coccyzus longirostris, que forma parte de la riqueza natural de República Dominicana y que todavía puede encontrarse con relativa facilidad.
El biólogo Domingo Sirí Núñez, técnico especializado en ornitología del Viceministerio de Áreas Protegidas y Biodiversidad, explicó que el pájaro Bobo pertenece a la familia Cuculidae y mantiene un parentesco cercano con la Cúa, especie con la que suele confundirse.
La diferencia puede identificarse en sus características físicas. El pájaro Bobo posee un pico largo y recto, pecho grisáceo e iris anaranjado, mientras que la Cúa presenta un pecho de color ladrillo intenso, ojos negros y un pico también negro, aunque ligeramente curvado.
Un mito que marcó generaciones
Durante décadas, el pájaro Bobo también estuvo asociado a una creencia popular en comunidades rurales dominicanas. Se le atribuía la capacidad de combatir la anemia infantil, por lo que algunas familias utilizaban la carne del ave como remedio casero para niños con falta de apetito o debilidad.
Esta práctica, vinculada al conocimiento tradicional y a la ausencia de acceso oportuno a servicios médicos en determinadas zonas rurales, convirtió al ave en parte del imaginario popular dominicano.
Un aliado silencioso de la agricultura
Más allá de las creencias, el pájaro Bobo desempeña una función ecológica importante. De acuerdo con Sirí Núñez, su alimentación incluye larvas de insectos que pueden afectar los cultivos, por lo que contribuye de manera natural al control de algunas plagas.
La especie prefiere bosques densos y zonas con abundante vegetación, pero su capacidad de adaptación le permite ocupar diferentes áreas verdes del territorio nacional.
En el Gran Santo Domingo puede ser observado en espacios como el Jardín Botánico Nacional, el Mirador Norte y el Zoológico Nacional, donde encuentra condiciones favorables para su supervivencia.
El retrato de una especie dominicana
El pájaro Bobo mide entre 41 y 46 centímetros y pesa alrededor de 110 gramos. Su plumaje superior es gris, mientras que la garganta es blancuzca y el mentón presenta tonalidades anaranjadas.
El pecho es gris claro y el vientre anaranjado. En las alas sobresale un característico parche de color rojizo rufo, mientras que su larga cola, de tono gris pizarra, termina en puntas blancas.
La familia Cuculidae está representada en La Española por varias especies. Entre ellas figuran el Coccyzus erythropthalmus, de comportamiento migratorio y presencia poco frecuente; el cuco americano, también migratorio; y el Coccyzus minor, especie nativa que anida tanto en República Dominicana como en otras zonas de la región.
La Cúa, la otra cara de la historia
Mientras el pájaro Bobo continúa siendo una especie común en distintos espacios naturales del país, su pariente cercano, la Cúa, enfrenta una situación mucho más delicada.
La especie está catalogada como en peligro crítico de extinción, una condición que pone de relieve la vulnerabilidad de la biodiversidad de La Española y la necesidad de proteger los bosques y ecosistemas que sirven de refugio a estas aves.
La historia del pájaro Bobo deja así una lección que va más allá de su peculiar nombre: convivir diariamente con una especie no significa que siempre seamos conscientes de su valor. Muchas veces, la biodiversidad que parece formar parte del paisaje cotidiano es precisamente la que menos conocemos y, por tanto, la que menos protegemos.
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