Volver a las raíces con el uniforme de Madrid

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25 años después de cumplir el sueño de ser policía, María Altagracia Espinosa Feliz prepara su regreso a República Dominicana, la tierra donde comenzó la historia de sus padres

MADRID, España. — Hay regresos que no se explican con un boleto de avión. Se llevan años preparando en la memoria, en las historias familiares y en aquellas preguntas que permanecen abiertas desde la infancia.

Para María Altagracia Espinosa Feliz, ese regreso llegará en noviembre.

Nació en el País Vasco, creció en Alcalá de Henares y lleva 25 años vistiendo el uniforme de la Policía Municipal de Madrid. Sin embargo, una parte de su historia siempre permaneció en República Dominicana, un país donde nunca nació, pero que aprendió a sentir como propio a través de la historia de sus padres.

Ahora volverá a esa tierra vestida con el mismo uniforme que su padre nunca llegó a verla llevar.

Y esa coincidencia convierte el viaje en algo más que una misión profesional.

Una historia que comenzó antes de ella

Para entender quién es María Altagracia hay que regresar varias décadas y llegar hasta una guagua que recorría las carreteras dominicanas.

Su padre, Fortunato Espinosa, era burgalés, natural de Castilla y León. Durante los años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo llegó a República Dominicana y se estableció en la colonia de Sabana Alta, en San Juan de la Maguana.

Conducía un vehículo de transporte de pasajeros conocido como “La Burgalesa”.

En uno de aquellos recorridos, mientras trasladaba provisiones hacia Padre Las Casas, en Azua, conoció a Carmen, “Chichí”, una dominicana con quien formaría una familia.

Cuatro de sus seis hijos nacieron en suelo dominicano: Josefina, José Manuel, Rey y Gerardo.

Pero la historia familiar cambiaría con la guerra de abril de 1965. Fortunato regresó a España con los suyos y fue en el País Vasco donde nació María Altagracia.

Años después, la familia se estableció en Alcalá de Henares.

Allí creció “La Nena”, como todavía la llaman, junto a sus hermanos y bajo una enseñanza que terminaría acompañándola durante toda su vida: nada importante se consigue sin esfuerzo.

Primero fue una motocicleta

Antes del uniforme hubo una motocicleta.

María Altagracia comenzó trabajando como repartidora de pizzas. Recorría las calles sobre una moto de 250 centímetros cúbicos, sin imaginar que aquella experiencia terminaría conectándola con dos pasiones que todavía hoy forman parte de su vida: las motocicletas y el servicio.

Mientras trabajaba sobre dos ruedas comenzó a tomar forma otro sueño.

Quería ser policía.

Lo consiguió.

Pero la vida le reservó una de esas victorias que llegan acompañadas de una ausencia imposible de llenar.

El uniforme que su padre no pudo ver

María Altagracia ingresó a la Policía Municipal de Madrid y cumplió la meta que había perseguido desde joven.

Su padre, sin embargo, había muerto un año antes.

Nunca pudo verla vestida de policía.

“Luché por uno de mis grandes sueños: ser policía; lo conseguí, aunque mi padre no pudo verme con el uniforme”, recuerda.

Desde entonces, cada aniversario de servicio tiene para ella una dimensión distinta.

No son solamente 25 años de trabajo.

Son 25 años de una promesa cumplida.

También son 25 años llevando consigo la memoria de un padre que forma parte de la historia que ahora ella está a punto de completar con su regreso a República Dominicana.

De las calles de Madrid al escenario

Durante un cuarto de siglo, Espinosa Feliz ha desempeñado diferentes funciones dentro de la Policía Municipal de Madrid: vigilancia, regulación del tráfico, atención ciudadana y labores relacionadas con la convivencia.

Ha visto cambiar el cuerpo policial, incorporar nuevas tecnologías, modernizar sus instalaciones y renovar sus recursos.

Pero también encontró otra manera de servir.

Forma parte de Teatrópolis, un grupo de la Policía Municipal de Madrid que utiliza el teatro como herramienta de prevención y educación, especialmente en materia de seguridad vial.

La iniciativa busca llegar a la ciudadanía desde un lenguaje diferente: contar historias para provocar reflexión y convertir la prevención en una experiencia cercana.

Ahora ese escenario viajará hasta República Dominicana.

El viaje que tiene otro significado

En noviembre, a través de la Asociación Internacional de Policía (IPA), Teatrópolis llegará a República Dominicana para presentar sus obras en distintos puntos del país.

Para María Altagracia será una misión profesional.

Pero también será un viaje hacia sus propias raíces.

Regresará al país donde su padre conoció a su madre.

Al lugar donde nació buena parte de su familia.

A la tierra que conoció primero a través de relatos familiares, fotografías, recuerdos y conversaciones que pasaron de una generación a otra.

Esta vez no llegará como una turista.

Llegará como policía municipal de Madrid.

La pasión que nació sobre dos ruedas

La motocicleta que acompañó sus primeros años de trabajo tampoco quedó convertida en un recuerdo.

Con el tiempo, aquella pasión se transformó en un proyecto.

En Alcalá de Henares fundó Moteras La Dulce Harley, un club femenino concebido para dar visibilidad a las mujeres dentro del mundo del motociclismo.

De esa iniciativa surgió también el proyecto de levantar una estatua dedicada a la Mujer Motera, que contó con el respaldo unánime de los grupos políticos municipales.

Más recientemente, creó Paraíso de La Dulce Harley, S.L., una nueva faceta empresarial que desarrolla paralelamente a su carrera policial.

Así, las dos ruedas que alguna vez fueron parte de su trabajo terminaron convirtiéndose también en parte de su identidad.

La nena que nunca olvidó de dónde venía

A los 25 años de vestir el uniforme de Madrid, María Altagracia Espinosa Feliz puede mirar hacia atrás y reconocer varios caminos en una sola historia.

La niña que nació en el País Vasco.

La joven que creció en Alcalá de Henares.

La repartidora que descubrió su pasión por las motocicletas.

La hija que perdió a su padre antes de cumplir el sueño de verlo orgulloso con su uniforme.

La policía que ha dedicado un cuarto de siglo al servicio de Madrid.

Y la mujer que nunca permitió que la distancia borrara sus raíces dominicanas.

Hay una frase que resume esa trayectoria:

“Nunca olvides de dónde vienes mientras luchas por llegar adonde quieres”.

María Altagracia no solo la recuerda.

La ha convertido en una forma de vida.

“Aunque mi vida esté en España, República Dominicana siempre será parte de mis raíces y de mis vivencias familiares. Allí comenzó la historia de mis padres y nació buena parte de nuestra familia”.

En noviembre, después de tantos años, la historia hará el camino de regreso.

Y esta vez, “La Nena” volverá a la tierra de su madre llevando sobre los hombros el uniforme que su padre nunca alcanzó a ver.

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