INTRANT ante su gran prueba: recuperar autoridad y poner orden en el tránsito

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Juan Manuel Méndez inicia su gestión con encuentros con los transportistas, pero recibe una institución marcada por cambios administrativos y un sistema de movilidad atrapado entre el desorden, la congestión y la falta de una política sostenida

SANTO DOMINGO.– El nuevo director ejecutivo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), Juan Manuel Méndez, ha comenzado su gestión con una apuesta por el diálogo con los principales actores del transporte público.

Los primeros encuentros buscan escuchar las necesidades y propuestas de los prestadores del servicio en aspectos como calidad, puntualidad, disponibilidad de unidades, seguridad vial, condiciones de los vehículos y cumplimiento de las tarifas.

La iniciativa puede ser un punto de partida para ordenar la relación entre el Estado y el sector transporte. Sin embargo, el verdadero desafío de Méndez será transformar ese diálogo en una política de movilidad capaz de producir resultados visibles para millones de ciudadanos.

El problema trasciende al transporte público

La crisis del tránsito dominicano no puede explicarse únicamente por el comportamiento de los sindicatos, choferes o empresas de transporte.

Es el resultado de un problema mucho más amplio que involucra el crecimiento del parque vehicular, la expansión urbana sin suficiente planificación, la proliferación de motocicletas, el estacionamiento irregular, la congestión de las principales vías, el incumplimiento de las normas y las deficiencias históricas del transporte colectivo.

A esto se suma una cultura vial en la que una parte de los conductores interpreta las normas como recomendaciones y no como obligaciones.

El resultado es visible diariamente: largas horas perdidas en los tapones, calles saturadas, transporte público deficiente y una creciente presión sobre una infraestructura vial que no siempre responde al ritmo de crecimiento de las ciudades.

Un INTRANT que necesita fortalecerse

Méndez no solamente recibe el desafío de organizar el tránsito. También recibe una institución que necesita fortalecer su capacidad técnica y recuperar autoridad.

El INTRANT fue creado para concentrar y coordinar las políticas relacionadas con tránsito, transporte terrestre, movilidad y seguridad vial. Pero las dificultades de continuidad administrativa han limitado la posibilidad de consolidar una estrategia de largo plazo.

El cambio frecuente de responsables y de prioridades termina afectando la ejecución de políticas públicas que requieren años para producir resultados.

Por eso, uno de los primeros retos del nuevo director será construir una gestión que no dependa exclusivamente de operativos coyunturales ni de anuncios aislados.

La institución necesita planificación, estadísticas confiables, evaluación permanente y objetivos que puedan medirse.

Escuchar a los transportistas, pero también al ciudadano

El diálogo con los prestadores del servicio es indispensable.

Los transportistas conocen las dificultades que enfrentan diariamente en las calles y pueden aportar información valiosa para diseñar soluciones.

Pero existe otro actor que no puede quedar fuera de la ecuación: el ciudadano.

El pasajero es quien paga por el servicio. El peatón es uno de los usuarios más vulnerables de las vías. El conductor particular también enfrenta las consecuencias del congestionamiento y de la falta de organización.

Por eso, cualquier política de transporte debe colocar en el centro la calidad del servicio, la seguridad y el derecho de la población a movilizarse de manera eficiente y digna.

El límite del diálogo es la ley

Aquí aparece uno de los principales desafíos políticos y administrativos para Méndez.

El INTRANT debe escuchar y concertar, pero también debe regular.

El diálogo no puede convertirse en una sustitución de la autoridad.

La función del Estado consiste en establecer las reglas, garantizar su cumplimiento y aplicar las consecuencias correspondientes cuando sean violadas.

Una institución reguladora pierde legitimidad cuando las normas se aplican de manera selectiva o cuando determinados sectores tienen capacidad para bloquear decisiones que buscan organizar el sistema.

Méndez tendrá que demostrar que puede mantener una relación de cooperación con los transportistas sin renunciar a las facultades que la ley otorga al INTRANT.

Una crisis que exige coordinación

Otro de los grandes obstáculos es la dispersión institucional.

El tránsito dominicano involucra al INTRANT, la DIGESETT, los ayuntamientos, el Ministerio de Obras Públicas y otras entidades vinculadas con infraestructura, transporte y seguridad vial.

Si cada institución actúa con una agenda diferente, cualquier esfuerzo terminará siendo parcial.

La solución requiere una estrategia común: planificación de rutas, gestión inteligente del tránsito, sincronización de semáforos, control del estacionamiento, fiscalización efectiva, modernización del transporte colectivo y políticas de seguridad vial sustentadas en datos.

No se trata únicamente de colocar agentes en las intersecciones. Se trata de gestionar científicamente la movilidad.

El verdadero examen será en las calles

La ciudadanía no medirá la gestión de Méndez por la cantidad de reuniones que realice, sino por lo que ocurra después de ellas.

El resultado tendrá que reflejarse en un transporte público más organizado, mayor cumplimiento de las tarifas y rutas, mejores condiciones de las unidades, reducción de las infracciones y una respuesta más efectiva frente a los factores que provocan siniestros viales.

También deberá reflejarse en algo tan sencillo como recuperar el tiempo de los ciudadanos.

Cada hora perdida diariamente en un tapón representa productividad perdida, combustible consumido y calidad de vida deteriorada.

Por eso, el tránsito no es solamente un problema de circulación. Es también un problema económico y social.

La oportunidad de romper con el pasado

La llegada de Juan Manuel Méndez puede convertirse en una nueva oportunidad para transformar el INTRANT en una institución con mayor capacidad técnica, continuidad administrativa y autoridad regulatoria.

Pero para lograrlo tendrá que enfrentar intereses establecidos, corregir deficiencias acumuladas y evitar que su gestión quede atrapada en el ciclo de improvisaciones que ha caracterizado parte de la administración del tránsito.

El país no necesita otro plan que termine archivado.

Necesita una política de movilidad que tenga objetivos claros, responsables definidos, plazos y mecanismos de evaluación.

El reto de Méndez, por tanto, no es simplemente dirigir el INTRANT.

Es lograr que una institución creada para organizar la movilidad deje de correr detrás del caos y empiece a anticiparse a él.

Porque mientras el Estado discute cómo ordenar el tránsito, millones de dominicanos continúan pagando todos los días el precio de la desorganización.

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