Doña Mery, la maestra que sembró generaciones

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Entre abrazos y recuerdos, San Juan honra a una educadora que hizo de la enseñanza un acto de amor

SAN JUAN DE LA MAGUANA. En el patio de la Escuela Mercedes Consuelo Matos no solo se celebró un reconocimiento. Allí, entre abrazos, sonrisas y memorias que retozaban como niños entre golosinas y la disciplina de otros tiempos, un nombre volvió a estremecer los corazones: Mary Mateo de Piña.

El eco de su nombre retumbó en cada rincón del recinto, como si las paredes mismas recordaran las incontables lecciones de vida que esta mujer ha sembrado durante casi seis décadas de magisterio.

La Asociación Sanjuanera de New York rindió homenaje a una de las grandes mujeres de San Juan de la Maguana, una maestra cuya obra no se mide en años de servicio, sino en generaciones de hombres y mujeres que hoy honran a su tierra llevando consigo los valores, la disciplina y la humanidad que aprendieron en sus aulas.

Una vocación nacida del alma

Hablar de Doña Mery es hablar de una vida consagrada a educar. Desde 1956, cuando inició su labor en el Programa de Alfabetización de Adultos, comprendió que enseñar era mucho más que transmitir conocimientos: era iluminar caminos.

Su paso por el Colegio Padre Guido Guildea, el histórico Liceo Secundario Pedro Henríquez Ureña y la Universidad Central del Este (UCE) dejó una huella profunda en miles de estudiantes que aún la recuerdan como la maestra de la palabra sabia, la mirada comprensiva y la firmeza que corregía para formar.

Con una licenciatura en Educación, mención Letras, obtenida en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), y 59 años dedicados al magisterio, María Mateo de Piña hizo de la enseñanza una extensión de su alma y no del deber.

No solo impartió clases. Enseñó a vivir con respeto, a soñar con esfuerzo y a pensar con libertad.

El premio más grande

Con la humildad que siempre la ha caracterizado, Doña Mery confesó que la mayor alegría de la noche no era el reconocimiento recibido.

«He encontrado gentes tan queridas que hacía tiempo no veía. He revivido momentos muy lindos de mi vida cuando me encuentro con mis exalumnos, que hoy son gente de bien, hombres de provecho, hombres de los que me siento orgullosa de haber contribuido, aunque fuera con un pellizco por las costillas, en su formación», expresó con la voz entrecortada por la emoción.

Y como quien nunca deja de ser maestra ni de abrir los brazos a sus hijos del alma, concluyó con palabras que arrancaron lágrimas y aplausos:

«Siempre cuenten con mi corazón y las puertas de mi casa abiertas para recibirlos con el cariño de siempre».

Porque hay nombres que no se pronuncian, se sienten. Y en la historia viva de San Juan de la Maguana, el nombre de Doña Mery Mateo de Piña pertenece para siempre a esa estirpe de maestros que no solo educan: transforman vidas y permanecen eternamente en la memoria de su pueblo.

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