La circulación de vehículos pesados por el Malecón, pese a las restricciones existentes, evidencia una de las grandes debilidades de la movilidad dominicana: normas que existen en el papel, pero que no siempre se hacen cumplir en las calles.
SANTO DOMINGO.– La circulación de vehículos pesados por la avenida George Washington vuelve a poner sobre la mesa un problema que lleva años sin una solución definitiva: la dificultad de hacer cumplir las normas de tránsito en Santo Domingo.
La prohibición para el tránsito de determinados vehículos pesados por el Malecón no es nueva. Sin embargo, la presencia recurrente de camiones y otros vehículos de carga demuestra que una norma sin fiscalización permanente termina convirtiéndose en una simple recomendación.
El reciente accidente que involucró un camión tanquero y dejó víctimas mortales vuelve a colocar el tema en el centro del debate, pero el problema va mucho más allá de un hecho puntual.
Las pequeñas infracciones que terminan provocando el gran caos
Durante la gestión de Milton Morrison al frente del INTRANT se anunciaron diferentes iniciativas para mejorar la movilidad, entre ellas RD Se Mueve y el relanzamiento de Parquéate Bien.
No obstante, numerosos problemas cotidianos del tránsito continuaron afectando a los ciudadanos.
Doble parqueo, vehículos sobre las aceras, estacionamientos improvisados, paradas informales, camiones circulando por lugares y horarios restringidos, giros indebidos, cambios bruscos de carril y conductores que bloquean las intersecciones siguen formando parte del paisaje urbano.
A esto se suma el comportamiento de una parte de los motociclistas, el estacionamiento en zonas prohibidas y una fiscalización que muchas veces se percibe como intermitente y reactiva, en lugar de permanente y preventiva.
Un problema que trasciende a una gestión
Sería incorrecto atribuir a una sola administración todos los problemas del tránsito dominicano. El caos vial es estructural y acumula décadas de deficiencias, involucrando al INTRANT, DIGESETT, los ayuntamientos, el Ministerio de Obras Públicas, los operadores del transporte y, naturalmente, a los propios ciudadanos.
Sin embargo, también es legítimo evaluar una gestión por su capacidad para transformar los problemas que encontró.
En el caso de Morrison, hubo iniciativas y proyectos importantes, pero muchas de las situaciones más visibles para los ciudadanos permanecieron sin una solución definitiva.
El programa Parquéate Bien constituye un ejemplo. A pesar de los operativos y advertencias, el doble estacionamiento y la ocupación de aceras continuaron siendo prácticas habituales en distintos puntos de Santo Domingo.
La situación demuestra que no basta con anunciar operativos: hay que garantizar continuidad, sanción y seguimiento.
El tránsito necesita autoridad permanente
El problema de Santo Domingo no se resolverá únicamente con nuevas campañas, cambios de horarios o grandes proyectos de infraestructura.
La ciudad necesita reglas claras, coordinación institucional, tecnología, agentes suficientes y, sobre todo, una fiscalización constante que no desaparezca cuando termina el operativo.
Porque el problema del tránsito también está en esas pequeñas cosas que parecen menores, pero que, repetidas miles de veces cada día, terminan convirtiéndose en un gran problema.
Un camión que circula por una vía restringida, un vehículo estacionado en una acera o un conductor que bloquea una intersección parecen hechos aislados. Juntos, son parte del mismo problema: una ciudad donde demasiadas veces las normas existen, pero no se cumplen.
El caso del Malecón deja una conclusión difícil de ignorar: cuando una prohibición puede ser violada durante años, lo que falla no es únicamente el conductor; también falla el sistema encargado de hacer cumplir la ley.


