El Gobierno reafirma ante la ONU su compromiso de poner fin al sida como amenaza de salud pública, pero el abandono de terapias y las limitaciones del sistema evidencian una brecha entre las metas y la realidad.
SANTO DOMINGO/NEW YORK.– La República Dominicana volvió a colocar la lucha contra el VIH en el escenario internacional al reafirmar ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) su compromiso de erradicar el sida como amenaza para la salud pública antes de 2030. Sin embargo, el optimismo oficial contrasta con una realidad preocupante dentro del país: alrededor de 20 mil personas han abandonado el tratamiento antirretroviral, según reveló el Consejo Nacional para el VIH y el Sida (Conavihsida).
Durante la Reunión de Alto Nivel sobre VIH/Sida en la ONU, el ministro de Salud Pública, Víctor Atallah destacó que el país ha fortalecido su estrategia nacional sobre tres pilares: eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH, integrar la respuesta al virus en la atención primaria y cerrar las brechas en la continuidad de los tratamientos para alcanzar las metas internacionales 95-95-95.
No obstante, las propias autoridades nacionales admiten que el país enfrenta importantes desafíos. El director ejecutivo de Conavihsida, Rafael González, informó que miles de pacientes han dejado de acudir a los Servicios de Atención Integral para recibir sus medicamentos, situación que eleva la carga viral, deteriora la salud de los afectados y aumenta el riesgo de nuevas transmisiones.
El escenario deja al descubierto puentes encontrados y visiones divergentes. Mientras el discurso oficial ante la comunidad internacional proyecta determinación y liderazgo para cumplir la meta de 2030, las cifras nacionales muestran dificultades estructurales relacionadas con la adherencia al tratamiento, las condiciones socioeconómicas de los pacientes y la reducción del financiamiento internacional.
La contradicción resulta aún más evidente al considerar que, de las aproximadamente 85 mil personas que viven con VIH en el país, solo unas 58 mil reciben tratamiento antirretroviral. Estos datos reflejan que el mayor desafío de la República Dominicana no parece estar en la disponibilidad de medicamentos ni en la formulación de compromisos internacionales, sino en garantizar que las personas diagnosticadas permanezcan dentro del sistema de atención y reciban acompañamiento continuo.
La promesa de poner fin al VIH para 2030 sigue vigente, pero las cifras actuales sugieren que el camino hacia ese objetivo exige algo más que declaraciones en los foros internacionales: requiere cerrar las brechas internas que mantienen a miles de pacientes fuera del tratamiento y convierten la aspiración de erradicar la enfermedad en un desafío todavía pendiente.



