Un informe del inspector general del Departamento de Defensa estadounidense reconoce que la operación militar contra Irán redujo las reservas estratégicas de municiones y expuso limitaciones en la capacidad de la industria para reponer rápidamente los arsenales. El conflicto habría generado además importantes daños materiales y un gasto estimado en US$33,400 millones.
WASHINGTON. — El Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció que la guerra contra Irán provocó una reducción significativa de las reservas estratégicas de municiones y puso en evidencia dificultades en la capacidad de la industria militar estadounidense para reponer los arsenales utilizados durante las operaciones.
La conclusión aparece en un informe elaborado por el inspector general del Pentágono, que analiza el impacto de la denominada Operación Furia Épica, desarrollada contra Irán entre finales de febrero y junio de 2026.
Según el documento, el elevado consumo de municiones durante la operación generó una situación de escasez en determinados inventarios estratégicos y reveló cuellos de botella en las cadenas industriales encargadas de fabricar y reponer armamento.
El reconocimiento adquiere especial relevancia debido a que durante los meses anteriores funcionarios de la administración del presidente Donald Trump habían rechazado públicamente versiones que señalaban que Estados Unidos estaba enfrentando dificultades para mantener sus reservas de determinados misiles e interceptores.
El costo de la operación militar
El informe también expone la magnitud económica del conflicto. Datos divulgados a partir del reporte sitúan en aproximadamente US$33,400 millones el costo de la guerra para Estados Unidos entre el 28 de febrero y el 30 de junio.
De esa cantidad, alrededor de US$22,300 millones correspondieron a municiones, mientras que otros recursos fueron destinados a pérdidas de equipos y diferentes gastos asociados con el despliegue militar.
El elevado consumo de armamento obligó al Departamento de Defensa a adoptar medidas destinadas a acelerar la producción y reponer las existencias utilizadas durante las operaciones.
La situación plantea un desafío para Washington, particularmente ante la posibilidad de que Estados Unidos tenga que responder simultáneamente a nuevas amenazas militares mientras continúa reconstruyendo sus inventarios.
Trump había negado problemas en los arsenales
El reconocimiento del Pentágono contrasta con declaraciones realizadas previamente por el presidente Donald Trump.
Cuando durante el verano comenzaron a circular informes sobre una supuesta reducción de las reservas estadounidenses, especialmente de misiles interceptores, la administración había rechazado que existiera una situación crítica.
Trump llegó a asegurar que Estados Unidos disponía de grandes cantidades de municiones y, a principios de septiembre, sostuvo que el país contaba con cantidades prácticamente ilimitadas.
Sin embargo, el informe del inspector general establece que el consumo registrado durante la operación contra Irán sí tuvo un impacto sobre los inventarios estratégicos y puso de manifiesto las dificultades de la industria para responder con suficiente rapidez a la demanda.
Uso intensivo de misiles e interceptores
Uno de los principales factores que contribuyeron al desgaste de los arsenales fue el uso intensivo de sistemas destinados a interceptar los ataques iraníes.
Durante el conflicto, las fuerzas estadounidenses utilizaron importantes cantidades de municiones para enfrentar misiles y drones lanzados contra posiciones militares y otras instalaciones.
La dimensión del consumo generó preocupación debido a que algunos sistemas de defensa requieren procesos de fabricación complejos y prolongados, lo que dificulta recuperar rápidamente las cantidades utilizadas en un conflicto de alta intensidad.
El jefe del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), Brad Cooper, sin embargo, declaró que no estaba preocupado por una eventual falta de municiones y sostuvo que las fuerzas estadounidenses se encontraban preparadas para afrontar contingencias.
Daños en bases estadounidenses
El informe también documenta el impacto que tuvieron los ataques iraníes sobre instalaciones estadounidenses y otros objetivos vinculados a Washington en Medio Oriente.
Según el documento, cientos de edificios e instalaciones militares resultaron dañados o destruidos en bases ubicadas en países como Kuwait, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania.
La ofensiva iraní y las acciones de sus aliados también provocaron daños en instalaciones diplomáticas estadounidenses situadas en varios países de la región.
El reporte ofrece así una visión del costo material que representó para Estados Unidos la confrontación y del nivel de recursos necesarios para sostener las operaciones militares.
Pérdidas de aeronaves y drones
Entre las pérdidas materiales registradas durante el conflicto figuran cuatro aviones F-15 destruidos, mientras que un F-35 resultó dañado.
También fueron dañados o destruidos siete aviones cisterna KC-135, fundamentales para las operaciones aéreas debido a su función de reabastecimiento en vuelo.
A esto se suma la pérdida de hasta 30 drones MQ-9 Reaper, utilizados para misiones de vigilancia y ataque.
Estos daños incrementaron el costo de la operación y obligaron al Pentágono a considerar no solamente la reposición de municiones, sino también la reparación y sustitución de equipos utilizados durante la guerra.
Más de 50,000 militares involucrados
El informe estima que más de 50,000 militares estadounidenses estuvieron involucrados en las operaciones relacionadas con el conflicto en el Golfo.
La participación de este contingente implicó un amplio despliegue logístico, aéreo y naval, además de la movilización de equipos y recursos desde diferentes puntos.
La guerra también generó impactos sobre instalaciones diplomáticas estadounidenses y otras infraestructuras en la región.
Una presión adicional sobre la industria militar
Más allá de la cantidad de municiones utilizadas, uno de los aspectos que más preocupa al Departamento de Defensa es la capacidad de la industria estadounidense para reponer rápidamente los arsenales.
El informe identifica dificultades en las cadenas de suministro y limitaciones de producción que podrían convertirse en un problema estratégico si Estados Unidos tuviera que enfrentar otro conflicto de gran escala o responder simultáneamente a varias crisis internacionales.
Por esa razón, el Pentágono ha impulsado medidas para incrementar la producción de municiones y reducir los tiempos necesarios para recuperar las reservas estratégicas.
El reconocimiento de estas limitaciones abre un nuevo debate en Washington sobre la capacidad de Estados Unidos para sostener guerras prolongadas y, al mismo tiempo, mantener suficientes reservas para responder a otras amenazas.
El informe no significa que Estados Unidos haya quedado sin capacidad militar, pero sí confirma que la guerra contra Irán tuvo un impacto considerable sobre sus arsenales, equipos y capacidad industrial de reposición.
La situación podría convertirse en uno de los principales desafíos estratégicos para el Departamento de Defensa mientras Washington intenta recuperar sus reservas y mantener su capacidad de respuesta ante futuros escenarios de conflicto.


