Frente al avance de la delincuencia y la violencia, la Iglesia y sectores sociales exigen acciones concretas y cuestionan una reforma policial que, pese a los cambios anunciados, todavía no logra frenar la creciente sensación de inseguridad.
Santo Domingo, RD. La celebración del Día de Nuestra Señora de las Mercedes encontró este jueves a la Iglesia Católica colocando sobre la mesa una preocupación que trasciende los templos: el avance de la violencia, la delincuencia y la inseguridad que persiste entre los dominicanos.
Durante las actividades religiosas en honor a la patrona del pueblo dominicano, sacerdotes y representantes de sectores sociales reclamaron respuestas concretas frente a una problemática que lleva años ocupando el centro del debate nacional, mientras una parte de la población continúa demandando mayor protección y resultados.
El reclamo adquiere mayor relevancia porque se produce en medio de un proceso de reforma y transformación de la Policía Nacional que las autoridades presentan como uno de los principales esfuerzos institucionales para modernizar el cuerpo del orden, mejorar su capacidad operativa y fortalecer su relación con la ciudadanía.
Sin embargo, el debate no se limita a la cantidad de agentes incorporados, los nuevos destacamentos, las cámaras de vigilancia o los programas de capacitación. La pregunta que permanece sobre la mesa es cuánto de esas transformaciones se está traduciendo en una reducción efectiva de la violencia y en una mayor tranquilidad para la población.
El sacerdote Fray Jorge Jiménez llamó a adoptar medidas y abrir espacios de diálogo para enfrentar la situación, al tiempo que vinculó la violencia con factores sociales que van más allá de la actuación policial.
En la misma línea, el arzobispo coadjutor de Santo Domingo, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, llamó a recuperar la convivencia, el respeto a las leyes y la responsabilidad colectiva frente a un escenario marcado por la violencia, el deterioro de valores y el debilitamiento de las normas de convivencia.
Una reforma bajo presión
La preocupación expresada por la Iglesia coloca nuevamente bajo escrutinio los resultados de la reforma policial.
Las autoridades han informado avances en materia de formación de agentes, infraestructura, tecnología y transformación del modelo de servicio. No obstante, para amplios sectores de la sociedad, el verdadero indicador de una reforma de seguridad no está únicamente en sus estadísticas administrativas, sino en la capacidad del Estado para prevenir delitos, investigar los hechos, llevar a los responsables ante la justicia y garantizar protección efectiva a los ciudadanos.
La inseguridad, además, no puede abordarse exclusivamente desde la perspectiva policial. La prevención del delito involucra factores como educación, oportunidades para los jóvenes, fortalecimiento familiar, acceso a servicios sociales, investigación criminal y un sistema de justicia capaz de responder oportunamente.
Ese enfoque integral es precisamente uno de los puntos que vuelven más complejo el reclamo de la Iglesia. El problema no se reduce a colocar más patrullas en las calles, sino a enfrentar las condiciones que permiten que la violencia y la delincuencia encuentren espacio para reproducirse.
Mientras las autoridades defienden los avances de la transformación policial, la Iglesia y otros sectores de la sociedad reclaman que esos esfuerzos puedan reflejarse de manera tangible en la vida cotidiana.
En el Día de Las Mercedes, una fecha marcada tradicionalmente por la fe y la búsqueda de protección, el mensaje religioso terminó convirtiéndose también en una advertencia social: la seguridad no puede medirse únicamente por las reformas anunciadas, sino por la tranquilidad que realmente siente el ciudadano cuando sale a la calle.


