Santo Domingo.– El Consejo Nacional para el VIH y el Sida (Conavihsida) reveló que alrededor de 20 mil personas que viven con VIH en República Dominicana han abandonado su tratamiento antirretroviral, una situación que genera preocupación por sus posibles consecuencias en la salud pública.
La información fue ofrecida por el director ejecutivo de la entidad, Rafael González, durante el taller para periodistas “VIH en la agenda pública: herramientas claves para un periodismo informado y responsable”, celebrado en Punta Cana.
Según explicó el funcionario, el problema no está relacionado con la falta de medicamentos, sino con la pérdida de adherencia al tratamiento por parte de los pacientes, muchos de los cuales han dejado de acudir a los Servicios de Atención Integral (SAI) para retirar sus fármacos. La mayoría de los casos corresponde a población migrante haitiana.
González advirtió que el abandono del tratamiento provoca un aumento de la carga viral en los pacientes, deteriora su estado de salud e incrementa el riesgo de transmisión del virus a otras personas.
Entre las causas que podrían estar influyendo en esta situación mencionó posibles efectos secundarios de algunos medicamentos, dificultades económicas y cambios en los esquemas terapéuticos, factores que afectan la continuidad de la atención médica.
El director de Conavihsida también señaló que la reducción de fondos internacionales, especialmente tras el retiro de recursos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), ha representado un desafío para fortalecer la respuesta nacional frente al VIH. No obstante, destacó que el Gobierno dominicano ha asumido parte del financiamiento para garantizar la continuidad de los servicios.
Actualmente, se estima que unas 85 mil personas viven con VIH en el país. De acuerdo con datos del Servicio Nacional de Salud (SNS), hasta mediados de junio unas 81,378 personas conocían su estado serológico, mientras que 58,454 recibían tratamiento antirretroviral.
Las autoridades reiteraron la importancia de mantener la adherencia al tratamiento como una de las principales herramientas para controlar la enfermedad, reducir nuevas infecciones y mejorar la calidad de vida de quienes viven con el virus.


