La reducción de conexiones aéreas entre República Dominicana y Estados Unidos, principal destino internacional de los dominicanos, encarece y dificulta los desplazamientos de miles de viajeros.
SANTO DOMINGO.– La reducción de vuelos directos entre República Dominicana y Estados Unidos comienza a convertirse en una preocupación para miles de viajeros dominicanos que dependen de una conexión aérea rápida, directa y económicamente accesible con ese país.
La salida de algunas rutas de aerolíneas, el cese de operaciones de otras y los ajustes de capacidad han reducido parte de la oferta disponible, especialmente en conexiones utilizadas por viajeros que se desplazan hacia importantes ciudades estadounidenses.
Aunque las aerolíneas atribuyen estos movimientos a factores comerciales, costos operativos, rentabilidad y reorganización de sus operaciones, para los pasajeros las consecuencias son concretas: más horas de viaje, mayores costos, escalas adicionales y menos alternativas para llegar directamente a sus destinos.
El impacto adquiere mayor dimensión porque Estados Unidos no es un destino cualquiera para los dominicanos. Es el principal punto de concentración de la diáspora nacional y un espacio con el que República Dominicana mantiene profundos vínculos familiares, económicos y laborales.
Nueva York, Nueva Jersey, Florida y Massachusetts, entre otros estados, albergan importantes comunidades dominicanas. Miles de personas viajan constantemente entre ambos países para visitar familiares, atender compromisos laborales, realizar gestiones personales o responder ante situaciones de emergencia.
Por eso, aunque las aerolíneas tienen libertad para reorganizar sus operaciones conforme a sus criterios de rentabilidad, la reducción de la conectividad plantea una preocupación que trasciende los intereses comerciales de las empresas.
La interrogante es si República Dominicana está garantizando una oferta aérea suficiente, competitiva y accesible para responder a la realidad de una nación estrechamente vinculada con Estados Unidos.
El problema tampoco se limita a la cantidad de vuelos. Para una familia dominicana, perder una conexión directa puede representar pagar más por un boleto, trasladarse a otro aeropuerto, asumir una escala adicional o prolongar considerablemente un viaje que antes podía realizarse de manera directa.
La situación obliga además a mirar más allá de las estadísticas generales de crecimiento de la conectividad aérea. No basta con anunciar nuevas rutas si al mismo tiempo desaparecen conexiones utilizadas por miles de pasajeros de manera habitual.
República Dominicana ha convertido la conectividad aérea en uno de los pilares de su desarrollo turístico y económico. Sin embargo, esa política también debe considerar al ciudadano dominicano que utiliza los aeropuertos como un puente permanente con sus familiares, empleos y responsabilidades en Estados Unidos.
La reducción de vuelos directos debe servir como una señal de alerta para las autoridades del sector y para los actores vinculados a la aviación comercial.
Porque tener más destinos en el mapa no necesariamente significa tener mejores conexiones.
Para una nación cuya relación con Estados Unidos es histórica, económica y familiar, mantener vuelos directos, frecuentes y competitivos no es un lujo, sino una necesidad para miles de dominicanos.


